El final de los tiempos

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Querido Señor Jesús, en el Evangelio de Lucas 21, 5-19. Nos enseñas a no tener miedo.

Como es costumbre, al final del año litúrgico se habla del final de los tiempos, y en este caso de una forma más descriptiva.

Amado Señor, no quiero estar más inmersa en otras bellezas (como el templo de oro y mármol en la lectura) que en la belleza de tu amor y de tu misericordia infinita.

“Cuídense de que nadie los engañe” has dicho.

Nadie puede ser mi Mesías, salvo Tú. No haré caso aunque alguien lo diga que lo es, sin embargo dame inteligencia para hacerlo con ternura.

“Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones que no los domine el pánico”.

Hay Jesús, yo soy tan miedosa a veces, sin embargo ante tu cruz, o tomando el crucifijo nada puedo temer.

“Los perseguirán y los apresarán”.

Mi vida entera Mi Dios, así como Pablo proclamaba tus maravillas en su tiempo difícil, así dame la serenidad cuando llegue el momento.

Tal vez mi cárcel no la es la que me imagino, tal vez es una en el sentido espiritual Señor Jesús, y entonces necesitaré más fuerza.

Al final, aunque pase todo tipo de pruebas, no me tengo que preocupar por nada, pues Tú me darás las palabras a decir, con las que no me podrá contradecir ningún adversario. Gracias Dios, por darme esta calma.

Tienes contados hasta los cabellos de mi cabeza, y todos ellos sobrevivirán conmigo mientras me mantenga firme en la fe.

Me abrazo a tu cruz Señor Jesús, en medio de todas las tormentas que atravieso, y hacen tambalear mi mundo.

Bendito Seas Señor por tus consejos. Aunque ninguna de mis pobres palabras aumentan Tu gloria, sí me unen más a ti, y por eso te seguiré alabando hoy, mañana si me dejas, y así continuamente hasta mi último día en esta tierra, y si Tú me aceptas, también te alabaré en tu reino.

Gracias Señor por decirnos cómo será el camino, y cómo sobrellevarlo.

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