Con Dios todo lo encontramos, sin Él nada somos

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La frase de Con Dios todo sin él nada es una de las más bonitas, buscadas en internet. Y qué mejor que los tiempos decembrinos para profundizar en ella.

Con la navidad y el fin de año, no solo vienen ricas cenas y kilos de más, sino un tiempo en que nos paramos a pensar en nuestro futuro cercano.

Este 2020 las extremas dudas sobre el futuro comenzaron en la primera mitad del año, tal vez siguen ahí, frente a nosotros o muy dentro, en las heridas internas.

Pero, sobre todo lo difícil de este año, se levanta una esperanza inquebrantable, perceptible al mirar la cruz.

Nadie negó los sacrificios de esta vida, sin embargo queremos tenerlo todo, y eso está perfecto porque todos podemos tenerlo todo.

Simplemente, ese todo tal vez no es como parece en nuestra mente.

En un momento de la vida lo que es todo para nosotros, no es lo que habíamos imaginado que sería hace dos, tres, cinco, diez años. Y eso hace el viaje todavía más impresionante.

De pronto, compramos un coche nuevo como siempre soñamos y resulta que hay que pagar tenencia, que la gasolina está muy cara, etc.

De pronto no es como en nuestro sueño, pues en nuestros sueños todo brilla de incomparable manera, y en la realidad el brillo es tal que nos lastima la vista, pero todavía es lo que queríamos.

Lo bonito de la vida no es obtener siempre lo que queremos, es ser feliz, sentirnos plenos con lo que Dios manda. En eso se basa la frase de con Dios todo sin él nada.

Por ejemplo, podemos querer ser muy humildes, pero si Dios nos concede herramientas para trabajar esa humildad nos quejamos.

Entonces el problema no es Él, somos nosotros que no razonamos los métodos. Y por eso, la semilla de la felicidad es entregarnos de lleno a lo que mande.

Dios sabe cómo, cuándo, dónde, para qué. Si siempre lo dejamos tener parte en nuestra vida, somos felices.

Este año 2020 pasamos por muchas pruebas. Algunas difíciles en nuestros trabajos, en nuestras escuelas, en la sociedad. Otras dolorosas con nuestras familias, amigos, incluso con nosotros mismos.

No se puede escapar de la noche, de las tinieblas, de las tentaciones, pero se puede ver hacia el Señor, nuestro alfarero.

Que Él nos guíe por sus caminos para cerrar bien el año civil y comenzar de nuevo, de su mano.

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