Círculos Viciosos ¿Somos como ese hambster?

Dejar De Lado

Tanto adultos como jóvenes tenemos algo que sanar, algo que está ahí y nos impide seguir, algo que quisiéramos olvidar, o algo con lo que, como decimos: “no podemos”.

Un día puede ser inolvidable en el buen sentido, pero pasa algo malo, vemos o escuchamos algo que no gusta, algo con lo que no estamos de acuerdo, y ese día maravilloso se viene abajo.

La vida a veces parece una rueda de la fortuna que sube y baja, pero entre vueltas. Se puede caer en el peligro de sentirnos como un hamster que corre sin avanzar.

De niña, tenía una de estas mascotitas, que además de jugar, se cansaba y se hizo fanático de dormir.

A mí no me gustaba mirarlo mucho porque era triste ver como de tanto dormir ya no abría los ojos.

Si los abría era para comer, volvía a jugar un poco, y de nuevo a dormir.

Este animalito murió porque estaba tan acostumbrado a dormir, que por las mismas lagañas no abría los ojos; y por supuesto, como no veía su comida, era de esperarse el fin.

Nosotros nos reíamos de que se la pasaba durmiendo, le veíamos como una mascotita floja. Luego supe que era menos triste ver eso que verlo en una persona, que si lo hubiéramos visto en un familiar, en un amigo, en quien sea, no nos íbamos a reír.

No es gracioso que en un punto se caiga en un circulo vicioso como el alcohol, la droga, la adicción al sexo, al trabajo, entre otros. Que nos demos cuenta de que no avanzamos y peor aún, sentir miedo de hacer cosas nuevas, o hacer una locura.

Tampoco es gracioso que hayamos estado mirando todo el tiempo, o que seamos esa persona que solo da vueltas.

El hamster necesitaba comer, divertirse, y dormir, desde ese punto no parecía malo.

El problema era que todo era para el; comer para saciarse, divertirse para pasar un buen rato, y dormir para volver a empezar de nuevo.

Esto suena muy familiar ¿verdad? Gracias a Dios no somos así. A menos que en nuestros pensamientos solo le demos vueltas a nuestros problemas.

El lado bueno de la vida está pasando esa rueda, esa rutina, esos vicios, esa zona de confort.

A veces sentimos que no podemos hacerlo solos, que es imposible, que es difícil, ¡y es normal! porque si pensamos que todo depende de nosotros terminamos cansados.

Cuando el cansancio se acumula, queda descansar en la palabra que Jesús nos ha dejado, encontrar ahí nuevas formas de lograr nuestros objetivos, y confiar en que hay alguien perfecto que nos ayuda y hasta nos lleva si de plano “no podemos”.

Siempre se puede salir de los círculos viciosos mientras se reconozca la verdad.

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